Algo empieza. Algo acaba. Así será siempre cuando creces y te acostumbras a tomar decisiones, a convivir con las tomadas, a ser un poco egoísta para no alargar malos caminos o a escoger demasiado bien la ropa cuando no puedes mudarte al Caribe. Porque compré muchos abrigos bonitos y no abrigaban, botas pitiminí y con suelas resbalonas y revoltosas -del verbo rompibles en minutos, ellas y yo-, bufandas que de bufar entendía más yo o jerséis chachis y a la última que lo único que conseguían era ponerme tres camisetas manga larga por debajo. Y cuántas veces no le hemos hecho? A veces alargar las cosas se deben transformar en bufandas largas, con opción a mangas como esta, acortarlas es tomar decisiones rápidas para no tener frío a la larga y los vestidos no sólo deben ser de seda, hay mejores opciones. En cuanto al lugar dónde vivís, yo me conformo con mi Galifornia, con lo bueno y lo no tan bueno, incluyendo las gafas en días gris claro con opciones a vientos muy fríos. Nunca te acomodes, cuando te acostumbras, vuelve el frío y te da un vuelco para seguir en acción.

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