Hacía demasiado tiempo que no me dedicaba a apreciar mis atardeceres, pero he descubierto casi algo mejor y que da miedo y son las estrellas.

Bailar bajo un techo, necesitar estar sola, fumar ese cigarro que no debes y sentirte pequeña, atrapada y enamorada. Tan sencillamente, dejarme en blanco y olvidarme de eso que me preocupaba hace 2 minutos, como el frío que vuelve a envolverme por las noches cuando solo quiero seguir bailando y acabar en ese sofá con media pizza fría y medio mordida. Buenos días Otoño, que la resaca del verano me acompañe.

 

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